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Qué creemos

Creemos en un solo Dios; Padre, Hijo y Espíritu Santo.


Creemos en el Señor Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, fue concebido por el Espíritu Santo; nació de la virgen María; fue crucificado, murió, fue sepultado, resucitó, ascendió al cielo y ahora está sentado a la diestra de Dios Padre y es verdadero Dios y verdadero hombre.


Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, escrita por la inspiración del Espíritu Santo y que es nuestra norma de fe y de práctica. Nos ofrece los principios fundamentales que tendremos que aplicar en las diversas situaciones que la sociedad de hoy nos plantea.


Creemos que todos nacemos con la necesidad del perdón de pecados que nos reconduzca a una relación con Dios. Somos pecadores y el Espíritu Santo nos convence del pecado, nos lleva al arrepentimiento y nos hace renacer a una nueva vida. El Señor Jesucristo pagó el precio por el pecado en la cruz. Los que se arrepienten y personalmente aceptan el regalo de la nueva vida pagado por el Señor Jesucristo, son perdonados y tienen vida eterna.


Creemos en la obra del Espíritu Santo que sigue tomando la iniciativa de Dios entre su pueblo y más allá que ellos. Nuestra experiencia de sus manifestaciones más comunes es el consuelo y la dirección que da a su iglesia. En ciertos casos otros hermanos han tenido el privilegio de ver los milagros de los cuales los "Hechos de los Apóstoles" habla en la vida de la iglesia primitiva. Casi todos los dones del Espíritu Santo que se muestran en las Escrituras operan hoy en la comunión mundial de la iglesia. Lo que buscamos es el fruto del Espíritu que procede de la generosidad de Dios en la vida de cada creyente.


Creemos que la obra redentora del Señor Jesucristo nos provee salud espiritual que beneficia los aspectos de nuestros cuerpos y personalidades.


Creemos que debemos seguir el mandato de Jesús de comunicar el evangelio a todo el mundo. Por tanto, estamos comprometidos con la misión de la iglesia que va más allá de nuestra propia cultura y abraza aquellas partes de la iglesia universal que sufren persecución por su fe en Jesucristo.


El plan que Dios tiene para nuestro mundo abarca más allá de la generación actual de la iglesia. Aceptamos que Jesucristo es el Rey que inauguró un reino espiritual que El mismo retomará cuando regrese en su segunda venida (Hechos 1:11). Esta esperanza de fe nos anima a poner la mirada en la justicia y el amor actual, que en su momento será reconocido.